Historias para el recuerdo.
Sabado por la noche en el centro de la ciudad.
La ciudad está abarrotada de personas, personas alegres, que disfrutan de la noche de asueto que tienen por delante, risas, cánticos, voces que suenan altísimo, y que unas siguen a las otras como en una ola interminable de sonidos que nunca se acaban.
No tengo por costumbre estar en estos ambientes tan multitudinarios, a mí las multitudes me dan mucho respeto, y la razón de que me den mucho respeto es muy sencilla de explicar, no se puede controlar una desbandada de personas si aparece el pánico. Y una desbandada de la multitud genera desgracias, y como ya en su día he padecido una, no quiero volver a pasar por otra.
Pero allí estaba yo, acompañada de amigas y amigos, con los que había tenido la suerte de cenar y de disfrutar de su compañía. Por supuesto ellos y ellas ya saben que después de cenar siempre me retiro a mi guarida, pero ese día sus argumentos me desarbolaron, y no tuve más remedio que acompañarles a tomar una copa, eso sí, dejé muy claro que sería solo una copa, nada más...
Esa noche nos juntamos los amigos para festejar que a Marisa la habían concedido un ascenso importante en su empresa, lo malo era que ese ascenso se lo habían concedido en México, así que celebrábamos su ascenso y también su despedida. Ese fué el argumento que enarbolaron para que me quedara a tomar algo después de cenar.
La amistad.
Esa palabra que tanto utilizamos y que tan poco valoramos, hasta el momento en el que la perdemos cuando perdemos a un amiga, o a un amigo, ya sea para un espacio de tiempo, o para siempre.
Marisa es una gran amiga y confidente, siempre ha sido un baluarte para mí. Nos conocemos desde niñas, hemos estudiado juntas, hemos compartido tiempo libre, viajes, conocemos respectivamente a nuestras familias, yo he estado comiendo y durmiendo en su casa. Marisa hasta tuvo un rollete con mi hermano cuando éramos adolescentes, no fué gran cosa, pero la verdad es que fueron unos meses malos para nuestra amistad, yo no entendía que veía Marisa en el tonto de mi hermano, y que lo prefiriera a él antes que a mí, cuando resultaba que yo era su mejor amiga.
En fin, pasa el tiempo, aquí estamos, y Marisa se vá.
Está claro que no se va para siempre, o eso dice, pero lo que nunca sabemos es como acaban los caminos que tomamos, y si son para siempre.
Así que aquí estamos todos los amigos de celebración y de despedida, riendo y llorando, (dulce y salado), abrazos, besos, y que corra la cerveza, porque hoy es hoy, y mañana Dios dirá.
Posdata: Después de la primera cerveza llegó la segunda, y luego la tercera... y hasta aquí puedo decir, que lo que pasa de Fiesta, en la Fiesta se debe quedar.
Saludos para todas y todos, vuestra amiga Margot.
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